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  • Miedo.

    Bilbao 20 Junio 2009.

    Tal vez no sea más que una de tantas leyendas urbanas elevadas a la categoría de historia.
    Se dice que en una tumultuosa reunión de Comité Central del Soviet Supremo, después de que Kuchef desgranara una por una las atrocidades y las vejaciones a las que Stalin le había sometido, a él y a todo el pueblo ruso, surgió una anónima voz de entre los numerosos asistentes, preguntando:
    --Y tú ¿por qué callaste?—
    Kruchef lanzó una mirada escrutadora hacia el abigarrado Salón de sesiones, y preguntó a su vez:
    --¿Quién ha dicho eso?—
    Nadie contetó. La única respuesta fue el más sepulcral de los silencios.
    Después de unos segundos de tensa espera, Kruchef dijo:
    --Por eso, precisamente por eso—

    ¿No ha de haber un espíritu valiente?
    ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
    ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

    Espero que hoy, a las seis de la tarde, Bilbao de la más contundente de las respuestas.
    Basta de miedos y de silencios cobardes, cuando no cómplices.

    Pásalo.

  • Origen de la democracia parlamentaria

    Para que luego me vengan a mí con nacionalidades históricas.

    Un anglosajón prueba que en León y no en Inglaterra nació la democracia ( Diario de León - 19/06/2009 )

  • Canciones de amor esperanzadas

    Canciones de amor esperanzadas.

    Tu nombre: Pilar

    Si, ya fuera al azar, ya de ex profeso,
    buscando en río revuelto de los días,
    hallé tu nombre grabado entre las piedras:
    ¿Qué puedo hacer sino tenerlo
    enquistado en mis labios, pronunciarlo,
    darle vuelta al revés hasta gastarlo
    y hasta beberlo e incorporarlo
    al clima urente que me envuelve?
    Emborracharme de sílabas y letras,
    deletrear con fruición cada fonema,
    deleitarme en su cándido latido,
    sabiendo que estás en él y que despierta,
    con la huella esculpida en esa piedra,
    una llamarada urgente hacia tus señas.

    Tu mano.

    (Porque ya sólo vivo en un pronombre personal:
    a tí).

    En el principio fue el Ãngel
    que voló lejos de mí sin previo aviso
    y me dejó desposeído
    de la herencia del Verbo.
    (El verbo amar, estoy diciendo)

    Y fue todo soledad en un momento
    tan cenital de la existencia.
    Un suspiro, un instante
    en que se urde, sobre la carne virgen,
    la semblanza de un ser que despereza,
    que nace y que germina.

    Quiso un dios o el azar que tú llegases.
    (Cosas, supongo, del destino).

    Yo vagaba al azar por lo inconcreto.

    Me miraste a los ojos fijamente y, sin hablarme,
    y o sé que me dijiste:
    Tristes están tus ojos y velada tu voz
    por sombras de abandono.

    Samaritana de fe, te me acercaste
    y ungiste con tu mano la herida.
    Y no hubo ya tiempos ni arcanos:
    sólo lágrimas y besos
    formando un nuevo amnios
    en que nos sumergimos.

    Una tiempo nuevo abrió sus rutas.
    Te así de la mano fuertemente
    y nunca, ni cruces de caminos,
    bifurcaciones titubeantes,
    abrieron las distancias.

    Sólo un imán, una brújula, un destino.

    Y hoy, que tu mano recorre mis arrugas
    y mis canas
    con la turgente fuerza de tu ánimo,
    tropiezo, sí, soy inseguro,
    pero me ato a ti,
    sigo singlando el rumbo
    con ánimo o con miedo,
    pero asido al gozo de tu mano.

    Ese bordón que me eleva y que me guía,
    desde un ayer
    que ya es hoy
    y que será mañana?todavía.

    Por única vez.

    Si por una única vez yo te dijera
    que sólo sigo vivo en tu mirada,
    no lo tomes por frase elaborada;
    tómalo por reflexión sincera.

    Si, a fuer de ser sincero, confesara
    que eres la única vida que me queda
    no lo achaques a frase lisonjera;
    es pura intuición,(¡ muy meditada!).

    Si por quererte más aún sigo vivo
    y sigo vivo por que tu me quieras,
    eso da más valor al aire que respiro.

    Si yo ya doy la vida por vivida
    y lo que venga detrás será un suspiro:
    ¡Bienvenido ese suspiro de propina!

    ?Polvo seré, mas polvo enamorado?
    Francisco de Quevedo.

    No quiero renunciar a nada del pasado,
    Pero ahora que te miro fijamente,
    Siento tan nuevo y pleno este presente
    Que no puedo pensar que algo ha cambiado.

    Alguien dirá que sólo es un rescoldo
    Envuelto en las cenizas de la lumbre,
    Que todo lo que queda es la costumbre,
    Que ya no quedan brasas; sólo polvo.

    Pero yo siento que ardo y que me quema
    El roce de tu piel y tu mirada;
    Siento crujir mi alma enamorada.

    Y si es sólo polvo o ceniza lo que queda,
    Yo sólo sé y hasta jurarlo puedo
    Que polvo será, mas polvo de Quevedo.

    SI YO PUDIERA HACER UNA CANCIÓN DE AMOR.

    ¡Si yo pudiera hacer una canción de amor...!
    ...pero no puedo.

    No puedo, porque no me cabe en un instante;
    porque el amor no es un momento
    feliz o desgraciado.

    Porque es demasiada la sangre derramada
    para encerrarla en la canción, sola y concreta;
    en un mísero pliego.

    Si yo supiera hacer una canción de amor
    no la diría
    para que no se me fuera el amor en las palabras.

    Sería una canción que no se viera,
    para que fuera arena; para que fuera nube;
    para que fuera niebla;
    para que fuera efímera
    a la par que eterna.

    Sería una canción de hoy y de mañana,
    que sirviera
    para cualquier momento.
    Sería una canción de viento
    en que envolverme;
    sería una canción de roca dura, indestructible,
    para sentar cimientos.

    No sería un sentimiento puntual hecho suspiro
    latiendo o llorando en llamarada.
    Sería una canción hecha de nada
    para que dure siempre.

    Sería una canción de mundo abierto...,
    tal vez una canción desesperada;
    una canción al mundo.

    Pero, es sí, una canción contigo dentro.

  • Benedetti

    Se quebró abril de sol por los tejados
    y una esquina se rompe ya de mayo,
    por cielos de color de papagayo
    vuela un hombre hacia un lugar lejano.

    No llora porque sabe
    que siempre su alegría
    opuso barricadas al silencio
    puso música al viento
    y trocó lo lejano a cercanía.

    Dijo lo que decir quería
    en un leguaje simple y llano,
    amó al amor como a un hermano
    sin retórico aspaviento
    y tendió su mano hacia otra mano.
    Sólo el aire se le mostró esquivo
    a abrazarse con él en los pulmones

    Espérame hasta pronto, amigo Mario,
    deambulando por domésticas regiones.

    Con nosotros se quedan, siempre vivos,
    los cálidos acentos de versos y canciones.

  • Benedetti

  • Poema 18 Neruda.

  • Blue Moon.

  • Tom Jobin-Toquihno.

    Wave - Tom Jobim - Toquinho

  • La noria.

    El paso cansino del jumento levantaba nubecillas grises del lendel*.
    No era necesario decirle ¡so! ni ¡arre!
    Lo miré con pena recorrer aquel angosto círculo vicioso.
    Los cangilones de la noria venían indefectiblemente uno tras otro, brillaban con el sol y se marchaban. El reguero de agua que engendraban era una constante veta líquida. Sólo en verla encontraba un extraño frescor.
    Al lado de la noria, entre la hierba, está la caseta en la que guardo los aperos.
    La tarde era blanca de una luz que hería intensamente. El calor se pegaba a las paredes que lo reverberaban lentamente.
    La noria chirriaba rítmica en cada vuelta del jumento.
    Yo estaba tumbado panza arriba a la sombra íntima de la caseta. Tenía los ojos abiertos, sin mirar, pero veía la línea cerrada del horizonte como una enorme muralla.
    Pensé en el jumento, con sus ojos vendados y que no tenía otro horizonte que el lendel.
    La mirada se me iba sola por el campo. Los rastrojos eran tan amarillos que podía esperarse un espejismo. Pero aún quedaba el verde de los maíces.
    Estaba cansado de buscar una estrella en el camino lejano de la tarde, pero estaba la tarde polvorienta y no veía entre los cardos ni una estrella.
    De pronto ya creía tenerla (volaban las semillas de los cardos) pero se me escapaba y las nubes se me metían por los ojos y me llenaban de humo la esperanza. Cuando ya creía tenerla se me escapaba otra vez de entre las manos y se perdía de nuevo entre la tierra.
    Por eso no sabía qué hacer. Sentía el alma llena de algodón en rama. Y no me asustaba pensar que el tiempo iba corriendo, como el agua de mi noria hacia los surcos que la tragan. Ni me asustaba pensar que se escapaba, y pensaba, tan solo para consolarme, que en la vida es siempre todavía.
    Y entretanto la tarde se me iba desgajando en absurdos pensamientos de niebla y humo. Hasta que me cansé y abandoné la estrella. Pero vi una canción y fui a buscarla. Una canción para llenar aquella tarde que se iba detrás de mil suspiros y de dos mil ansías.
    *
    Yo no sé si fue entonces. Ni sé cómo fue. Sólo sé que al volver la cabeza estaba allí. Me miraba y se reía.
    Yo no tuve fuerzas para decirle nada.
    Con los dos pies descalzos venía por el agua de la noria, chapoteando en contra a la corriente.
    Tenía el pelo suelto y los ojos brillantes y la frente morena.
    Al verla sentí el alma de punta y la sangre caliente.
    Así ocurrió el prodigio; no sé si salió de los juncos o manó de la fuente. Pero habló, y su voz sonaba honda:
    -¿Estás solo? – me dijo.
    -Es la vida.
    -¿Qué es la vida?
    -Tú…yo… y en medio, nada.
    - Pero ¿qué haces?
    - Ya ves…Los surcos sé llenan ellos solos. Tan sólo me levanto para taparlos.
    - ¿Y entre tanto?
    - ¡Nada!
    - ¿No deseas nada?
    - Me conformo con lo que tengo.
    - ¿Qué tienes?
    - Recuerdos y esperanzas. Lo que todos.
    - ¿Recuerdos?
    - Lagrimas.
    - ¿Y esperanzas?
    - Que el viento tenga tanta fuerza como para empujar al tiempo más deprisa.
    - Entonces ¿a qué viniste?
    - No vine. Me trajeron.
    - Creo que no has digerido ni a Sartre ni a Camus. Pero ¿tendrás que ir a alguna parte?
    - A ningún sitio. ¿No ves que estoy echado?
    - ¿No sabes hacer nada?
    - Querer.
    - ¿A quién?
    - A todo.
    - Es muy cómodo decir ¡yo quiero a todo el mundo! y seguir tumbado panza arriba. Lo difícil es levantarse e ir abrazando uno por uno. Pero al menos dilo. Dilo fuerte. Dilo a todo el mundo. Escribe.
    - ¿Escribir? No sé ni hablar.
    - ¿Nunca hablas?
    - ¿Para qué? Cuesta trabajo y no sirve de nada.
    - ¿No merece la pena?
    - Yo hablo…tú hablas…yo digo mis cosas, tú dices tus cosas…¡Siempre decimos las mismas cosas!
    - ¡Calla! ¡Escucha!
    Los carros pasaban llenos de mies, chirriando en el camino.
    El silencio era tan espeso que se oía.
    El viento traía su voz del infinito.
    Los cangilones de la noria sonaban uno a uno.
    El jumento rebuznaba de tristeza.
    -¿No oyes? La vida habla. Hasta el silencio habla. ¿No oyes como el latir de muchos corazones? Es como un tambor gigante.
    - Ruidos, ruidos. La vida no tiene palabras.
    - Es mentira. El mundo está lleno de palabras. Las palabras son un fluido que viene directamente de las cosas.
    Se había sentado a mi lado. Ahora de pronto se levantó y me dijo:
    - Sólo hay que estar de pie. Después se oye.
    Entonces me dio vergüenza estar echado. Pero era tan grande mi pereza que me costaba mucho trabajo levantarme. Luego pensé: Si una mujer no me ayuda ¿quién podrá ayudarme?.
    Me levanté y me fui tras ella aún semi-inconsciente.
    ****
    Ãbamos con el amor por el camino y nos metimos en medio de la tarde cara a cara. Yo sentía la sangre chocar contra la punta de los dedos por que llevaba el amor entre las manos. Y mi boca no paraba de hablar por que tenía el alma como una cuerda de guitarra.
    Estaba aislado del mundo en mi sueño y en el rostro me daba la vida que seguía su curso con gesto indiferente.

    ****
    De pronto me acordé que tenía que cerrar un surco y abrir otro. Y me fui otra vez hasta la noria. Luego miré hacia atrás y ya no estaba.
    Y tuve que pensar: ¿Y si no fuera ella?.Después marché a buscarla pero dije: Soy muy joven aún. Marcho despacio. Y me fui lentamente hacia el camino, pero buscando con ahínco.
    Llevaba muy lejos la mirada y con ella quería destruir el horizonte.
    Entonces vi a un labrador clavando honda la reja y le hablé del amor. Le pregunté por ella. Pero no me entendía.
    - -La simiente – me dijo –Se pierde la simiente. Luego todo se seca…y las contribuciones…
    Pero no la conocía… Y en cambio yo a él le comprendía.
    Al lado del camino unos hombres construían un refugio para toda la vida.
    Les hablaba con amor pero nunca me entendían:
    -Los salarios –dijeron – y los paros…
    Pero no la conocían. Y, sin embargo, yo a ellos sí los comprendía.
    Me fui a la carretera a preguntar al primero que pasara.
    -Éste –pensé – (venía en una motocicleta), éste que derrumbó la muralla al horizonte. Le pregunté por ella:
    - La gasolina – me dijo -…sube la gasolina…
    Pero no la conocía.
    Luego corté campo a través y fui hasta el pueblo. Llamaba en cada puerta pero nadie me entendía.
    -¡Los hijos! – me dijeron -¡Estos hijos!
    - ¿Qué quiere?...Ha muerto mi mujer…
    -Mire, a mi no me venga usted con monsergas.
    -¡Pobrecillo... y tan joven!...
    - ¡Ay, Jesús! ¡Este mundo está perdido!
    - Y sin embargo yo a ellos si les comprendía.
    Otro, era médico, y me dijo: Ataráxicos, hijo; toma tranquilizantes. Pero no sabía dónde me dolía.
    Empezaba a estar cansado. Había caminado sin parar. Había caminado tanto tiempo que no sabía dónde estaba.
    De pronto oí al jumento dando vueltas a la noria. Miré y vi los cangilones que brillaban y se iban. Los surcos seguían tragándose las aguas. ¡¡Estaba otra vez junto a la noria!!
    Entonces yo pensé: Ya todo se acabó. Hasta aquí llegó la ilusión; lo demás es tarde amarga. Y sentía el corazón lleno de agua. Me quedé como una tarde de domingo. La quimera explotó en tres mil distancias y la ilusión fue detrás como una sombra larga.
    En realidad, mi vida era sólo una sombra larga.
    Llegué con el absurdo llenándome la cara, hasta la caseta de los aperos. Busqué mi sitio entre la hierba verde para tumbarme de nuevo panza arriba.
    ****
    Y fue entonces cuando vi, junto a mi sitio, entre hierbas hirsutas, otras hierbas dobladas, abrazándose entre ellas como queriendo retener aún una sombra.

    FIN

    *Lendel: Huella circular que hace en el suelo la caballería que saca agua de una noria.
    Octavio Fernández Zotes.

  • Hamlet.

    Cuando un día, el día de mañana,
    un hombre, que será ya de otra era,
    escarbando entre las ruinas de la tierra
    encuentre al azar entre los restos
    resecos del olvido
    el blancor de mi hueca calavera,
    espero que al menos sea curioso
    y se pregunte,
    como un nuevo Hamlet indeciso,
    si aquello que tiene entre las manos,
    alguna vez, en el pasado,
    fue algo más que un resto abandonado;
    tuvo ocasión de ser,
    de amar, de ser sincero,
    o simplemente "no era"
    porque dejó pasar el tiempo inútilmente.

    Y si acaso no hallase la respuesta
    que pueda ser más adecuada,
    le ayudaré dejando alguna pista:

    Lo nacieron.
    (No tardó mucho tiempo en ser consciente
    de la grave trascendencia del evento).
    Usó la vida
    sin estar demasiado convencido
    de ninguna de las cosas que ocurrieron.
    Fue inconformista.
    Amó con entusiasmo algunas cosas
    que al resto parecían baladíes.
    Amó y hasta es posible
    que a él también lo amaran.
    (Existen testimonios fidedignos
    que así parece que lo avalan).
    Gastó la vista
    sin dejar de mirar a todas partes
    en busca del asombro.
    Quiso arrimar el hombro
    a construir un mundo diferente.
    (No sé si mereció la pena).
    Aunque cobarde,
    trató de mirar siempre de frente,
    aunque la gente
    le esquivara a veces la mirada.

    Es posible que, en el fondo,
    queriendo serlo todo
    no saliera nunca de la nada.

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