Canciones de amor esperanzadas.
Tu nombre: Pilar
Si, ya fuera al azar, ya de ex profeso,
buscando en rÃo revuelto de los dÃas,
hallé tu nombre grabado entre las piedras:
¿Qué puedo hacer sino tenerlo
enquistado en mis labios, pronunciarlo,
darle vuelta al revés hasta gastarlo
y hasta beberlo e incorporarlo
al clima urente que me envuelve?
Emborracharme de sÃlabas y letras,
deletrear con fruición cada fonema,
deleitarme en su cándido latido,
sabiendo que estás en él y que despierta,
con la huella esculpida en esa piedra,
una llamarada urgente hacia tus señas.
Tu mano.
(Porque ya sólo vivo en un pronombre personal:
a tÃ).
En el principio fue el Ãngel
que voló lejos de mà sin previo aviso
y me dejó desposeÃdo
de la herencia del Verbo.
(El verbo amar, estoy diciendo)
Y fue todo soledad en un momento
tan cenital de la existencia.
Un suspiro, un instante
en que se urde, sobre la carne virgen,
la semblanza de un ser que despereza,
que nace y que germina.
Quiso un dios o el azar que tú llegases.
(Cosas, supongo, del destino).
Yo vagaba al azar por lo inconcreto.
Me miraste a los ojos fijamente y, sin hablarme,
y o sé que me dijiste:
Tristes están tus ojos y velada tu voz
por sombras de abandono.
Samaritana de fe, te me acercaste
y ungiste con tu mano la herida.
Y no hubo ya tiempos ni arcanos:
sólo lágrimas y besos
formando un nuevo amnios
en que nos sumergimos.
Una tiempo nuevo abrió sus rutas.
Te asà de la mano fuertemente
y nunca, ni cruces de caminos,
bifurcaciones titubeantes,
abrieron las distancias.
Sólo un imán, una brújula, un destino.
Y hoy, que tu mano recorre mis arrugas
y mis canas
con la turgente fuerza de tu ánimo,
tropiezo, sÃ, soy inseguro,
pero me ato a ti,
sigo singlando el rumbo
con ánimo o con miedo,
pero asido al gozo de tu mano.
Ese bordón que me eleva y que me guÃa,
desde un ayer
que ya es hoy
y que será mañana?todavÃa.
Por única vez.
Si por una única vez yo te dijera
que sólo sigo vivo en tu mirada,
no lo tomes por frase elaborada;
tómalo por reflexión sincera.
Si, a fuer de ser sincero, confesara
que eres la única vida que me queda
no lo achaques a frase lisonjera;
es pura intuición,(¡ muy meditada!).
Si por quererte más aún sigo vivo
y sigo vivo por que tu me quieras,
eso da más valor al aire que respiro.
Si yo ya doy la vida por vivida
y lo que venga detrás será un suspiro:
¡Bienvenido ese suspiro de propina!
?Polvo seré, mas polvo enamorado?
Francisco de Quevedo.
No quiero renunciar a nada del pasado,
Pero ahora que te miro fijamente,
Siento tan nuevo y pleno este presente
Que no puedo pensar que algo ha cambiado.
Alguien dirá que sólo es un rescoldo
Envuelto en las cenizas de la lumbre,
Que todo lo que queda es la costumbre,
Que ya no quedan brasas; sólo polvo.
Pero yo siento que ardo y que me quema
El roce de tu piel y tu mirada;
Siento crujir mi alma enamorada.
Y si es sólo polvo o ceniza lo que queda,
Yo sólo sé y hasta jurarlo puedo
Que polvo será, mas polvo de Quevedo.
SI YO PUDIERA HACER UNA CANCIÓN DE AMOR.
¡Si yo pudiera hacer una canción de amor...!
...pero no puedo.
No puedo, porque no me cabe en un instante;
porque el amor no es un momento
feliz o desgraciado.
Porque es demasiada la sangre derramada
para encerrarla en la canción, sola y concreta;
en un mÃsero pliego.
Si yo supiera hacer una canción de amor
no la dirÃa
para que no se me fuera el amor en las palabras.
SerÃa una canción que no se viera,
para que fuera arena; para que fuera nube;
para que fuera niebla;
para que fuera efÃmera
a la par que eterna.
SerÃa una canción de hoy y de mañana,
que sirviera
para cualquier momento.
SerÃa una canción de viento
en que envolverme;
serÃa una canción de roca dura, indestructible,
para sentar cimientos.
No serÃa un sentimiento puntual hecho suspiro
latiendo o llorando en llamarada.
SerÃa una canción hecha de nada
para que dure siempre.
SerÃa una canción de mundo abierto...,
tal vez una canción desesperada;
una canción al mundo.
Pero, es sÃ, una canción contigo dentro.