He plantado en el huerto un olivo
esperando
que una tórtola nueva
refrene su vuelo, detenga su marcha
y construya en las ramas su nido.

He dejado un parterre de tierra sembrado de flores,
de unas flores nuevas, de nueva esperanza:
esperanza a que llegue el rocío y las llene
de nuevos colores, de colores vivos.

Que no sean las flores que adornan las tumbas;
que se extienda en el huerto reseco un aroma
que avive de nuevo el sentido.

Ahora mismo, en el justo momento
en que dobla el camino su ruta,
y un recodo me nubla la vista;
cuando suena tenaz la sirena
que anuncia que está cerca la hora en que parte
el último navío.

Te has sentado a mi lado en la hierba y, jugando,
han peinado tus dedos mis canas;
ha temblado tu aliento en mi oído. Y he notado
que la única paz que me queda se encierra en el cuenco
breve de tu mano tibia.

He mirado al olivo y he visto
que la tórtola ha roto una rama y que vuela
orgullosa, sin plomo en las alas,
con la rama de olivo en su pico.

Octavio Fernández Zotes.
De "Memorial Inacabado". Edicciones Hontanar 2006.